viernes, 30 de enero de 2009


Hay oportunidades en las que en nuestra vida vamos infructuosamente detrás de alguien para que nos ame. Hacemos y hacemos cosas, hacemos hasta lo que pensamos que jamás íbamos a hacer y nos imponemos el peor y los peores sacrificios, lo mas absoluto de nuestras fuerzas esta en juego para conseguir el amor de aquel. Cuentan que una bella princesa estaba buscando esposo, aristócratas y adinerados señores habían llegando de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos, joyas, tierras, tesoros ejércitos. Entre los candidatos se encontraba un joven que no tenía más riquezas que amor y perseverancia, cuando le llego el momento e hablar dijo: bellísima princesa te he amado toda mi vida, como soy un hombre que no tiene tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré 100 días sentado bajo tu ventana sin mas alimentos que la lluvia, sin mas ropas que as que llevo puestas, esa es mi ofrenda. La princesa conmovida con semejante gesto de amor decidió aceptar. Tendrás la oportunidad, si pasas la prueba te casaras conmigo. Pasaron las horas y los días el pretendiente estuvo sentado soportando los vientos, las noches heladas, sin pestañar con la vista fija en el balcón de su amada. Todo iba a las maravillas incluso algunos optimistas ya estaban planeando los festejos. Al llegar el día 99 los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio hasta que de pronto cuando faltaba 1 hora para cumplirse el plazo, ante la mirada de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levanto y se alejo lentamente del lugar. Unas semanas después mientras deambulaba por un solitario camino un muchacho de la comarca lo alcanzo y le pregunto a quemarropa, ¿Que fue lo que te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta ¿por que perdiste esa oportunidad? ¿Por que te retirases? Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, aquel joven contesto en voz baja: Ella no me ahorro ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora, ella no merecía mi amor. Y cuando uno transita la vida detrás de el amor de alguien y aquel no le ahorra a uno ni un día, ni un minuto ni nada de sufrimiento, aquel no deja que uno proyecte ese deseo de amarlo y permite que se concrete esa historia, aquel se sube a lo alto y pretende que uno escale y escale eternamente para alcanzarlo, entonces uno debe tomar lo que tiene e irse para siempre. Porque en realidad nadie merece nuestras lágrimas si no es capas también de llorar por nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario